A vueltas con la autoestima

La autoestima ha sido y es objeto de numerosos artículos, libros, investigaciones en el campo de la Psicología, de la Educación, escalas para medirla, métodos para aumentarla, proliferan los cursos para mejorarla y las consultas a profesionales. En el ámbito de la psicología es uno de los más ambiguos y discutidos. Algunos autores lo consideran como un constructo hipotético, en el sentido de que no es algo concreto, material o visible y por lo tanto sólo susceptible de hipótesis sin demostración científica pero aún así, se intentan estudiar para satisfacer necesidades relacionadas con una sociedad concreta.

Nadie nace con autoestima, ni alta ni baja, sino que ésta se aprende y construye en la interacción social desde la infancia y se desarrolla durante el resto de nuestras vidas. Es en la infancia donde aprendemos, de nuestros padres, en la escuela y con los grupos de iguales a tener un control interno o externo de nuestras experiencias. El niño aprende a saber lo que piensa, siente y necesita para después actuar en función de ello o de los demás. La autoestima tiene mucho que ver con una educación emocional desde la infancia, un refuerzo familiar y escolar, con la sensación de considerarse apropiado y merecedor, la madurez para comprender que por mucho que lo intente no siempre voy a lograr aquello que emprendo, la fuerza para ser asertivo cuando sea necesario, etc.

Según lo anterior la autoestima tiene un origen social y ya en la adolescencia y en la vida adulta podemos desarrollar una autoestima que no dependa de las atribuciones externas, es decir que su origen sea interno.

Debemos crear en nuestra persona

la estabilidad que no podemos encontrar

en el mundo.

 Nathaniel Branden

De acuerdo con Branden (uno de los mayores expertos en el estudio de la autoestima), si deseamos crear en nuestro interior algo estable, no podemos hacer depender nuestra propia estima de la aprobación y reconocimiento exterior, de factores que no dependen de mi.

Cuando hablamos de autoestima, hablamos del valor que me otorgo a mí mismo. Pero la pregunta que nos hacemos es, en función de qué me estoy valorando. Aquí es donde surgen todo tipo de problemáticas. Si en mi historia vital me han valorado en función de mi belleza, de mi estatus, del dinero que poseo o si mi valía está en función de las personas con las que estoy (pareja, familia, amigos, etc.), en el momento en que pierda estos pilares, mi autoestima se dañará. Esos atributos son externos y cambiables, no tengo control sobre ellos.

También puede ocurrir que no salga como yo quería alguna tarea o proyecto en el que trabajé mucho y me ilusioné. Si me juzgo de una forma global diciendo que soy una inútil o que no valgo para nada, ¿eso está marcando mi valor como persona?. Del mismo modo que si nos calificamos de una forma positiva global en función de logros, porque en tanto en cuanto no los obtenga, volveré otra vez al autodesprecio.

Para finalizar, no podemos olvidarnos de aquellos casos en que la autoestima está o parece inflada, no es raro escuchar a alguien decir de otro que “está encantadísimo de conocerse” o que “tiene el ego muy subidito” o ser un narcisista.

Hemos de distinguir entre el rasgo narcisista de la personalidad, presente en todos nosotros en distintos grados y el trastorno de la personalidad narcisista, este último, es ya un desorden patológico. Sin embargo no es necesario sufrir un TPN para ser una persona narcisista.

Tiene sentido comparar narcisismo y autoestima si tenemos en cuenta que muy a menudo se percibe al narcisista como una persona con una aparente sólida autoestima, apareciendo socialmente como alguien seguro, que sabe lo que quiere, resuelto y capaz. Sin embargo, el narcisismo esconde todo lo contrario, es decir, una persona con rasgos narcisistas, carece de una genuina autoestima. Lo que hace es camuflar su inseguridad y su vacío interior bajo esa máscara de apariencia. Se nutren y explotan o abusan de los demás para el logro de sus metas. Estas personas colocan el origen de sus problemas siempre en el exterior, con lo que nunca es un problema suyo, por lo tanto será muy difícil que este tipo de personas busque un psicólogo o terapeuta. Este tipo de personas dependen muchísimo de refuerzos sociales externos.

Volviendo a la autoestima, ésta tiene más que ver con la aceptación de uno mismo. Desde luego que el ambiente en el que hemos crecido o el actual, influyen. Del mismo modo que también influyen situaciones como una pérdida importante, una crisis vital, etc. Por ello, no se trataría tanto de “subir” la autoestima sino de trabajar la autoaceptación, para después tomar conciencia de lo que quiero y necesito y crear metas en función de mis valores, encontrando conductas eficaces para conseguirlo. En eso consistiría el trabajo con la autoestima, en mi opinión. Sin olvidar que el logro de esas metas no determinan mi autoestima, porque de nuevo estaríamos depositando en lo externo el valor que yo tengo.

Me acuerdo ahora de Beisser y su teoría paradójica del cambio: “El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es”. Es decir, sólo cuando hay autoconocimiento y autoaceptación es posible el cambio.

La autoestima es abrazar lo que soy en este momento, con mis luces y mis sombras, con lo que me gusta de mi y lo que no me gusta. Algunos aman a aquel personaje perfecto que creen que deberían ser en lugar de lo que son, aquí y ahora.

En definitiva, la autoestima habla más acerca del conocimiento que yo tengo de mí mismo y de la aceptación y valoración de lo que soy, confiando en mis capacidades y trabajando aquello que me dificulta la vida cotidiana, más allá de logros o de la aprobación social. 

Imagen: Joao Fazenda

Bibliografía:

  • BRANDEN, N (1994), Los seis pilares de la autoestima. Editorial Paidós.
  • BRANDEN, N (1987), Cómo mejorar su autoestima. Editorial Paidós.
  • GARRIGA BACARDI, J (2014), Vivir en el alma. Ridgen Institut Gestalt.
  • ROJAS MARCOS, L (2007), La Autoestima. Nuestra fuerza secreta. Editorial Espasa.

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